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El poder político no es Dios I

Trinidad Jiménez, secretaria de Política Internacional y de Cooperación del PSOE, publica hoy un artículo de opinión en El País () que podéis leer completo en seguir leyendo. En primer lugar, felicidades, Trinidad, porque hoy es tu santo.

Paso a fiskear la primera parte del artículo, porque hoy no me da tiempo a más. Mañana, si Dios quiere, seguiré.

En estas últimas semanas hemos asistido a un intenso debate -e incluso a un enfrentamiento- entre los que son partidarios de regular el matrimonio entre personas del mismo sexo y aquellos que consideran que la institución del matrimonio no admite cambio alguno.

Es peligrosa la tendencia del PSOE a identificar debate con enfrentamiento. Siempre que se refieren a los ciudadanos que no estamos de acuerdo con sus políticas nos acusan de enfrentarnos con el poder legítimo. Así no es extraño leer en algunos blogs neoprogresistas que deberían taparnos la boca a los católicos. Las prédicas de los "popes" neoprogresistas nos identifica con la desestabilización y, claro, las turbas enseguida deducen consecuencias: que se les tape la boca. Trinidad, ojo con lo que insinúas.

En el ámbito político, las discusiones se han centrado, sobre todo, en la conveniencia de que la expresión "matrimonio" pueda albergar a una realidad diferente a la existente hasta el momento (unión entre hombre y mujer) y a la posibilidad de que estos nuevos matrimonios puedan adoptar hijos. Más allá del respeto a la posición de cada uno, lo cierto es que con los cambios que se han propuesto en el Código Civil estamos acabando con una discriminación inaceptable, como es la de negar a gays y lesbianas la posibilidad de disfrutar de un derecho de ciudadanía. Si realmente creemos que todos tenemos los mismos derechos, si defendemos una sociedad de iguales donde no exista discriminación alguna a la hora de disfrutar de derechos, tendremos que concluir que todas las personas, sin exclusión, tienen derecho a escoger la forma que deseen para regular su vida en común.

Este párrafo es especialmente revelador en su incoherencia. Parte de que la definición de matrimonio es absolutamente relativa (conveniencia de que la expresión "matrimonio" pueda albergar a una realidad diferente a la existente hasta el momento) para, acto seguido, afirmar que ella nos va a decir la verdad, al margen de las disputas (lo cierto es que con los cambios que se han propuesto en el Código Civil estamos acabando con una discriminación inaceptable). Nos asegura que el matrimonio es lo que el poder político defina en cada momento pero que, al margen de las diferentes opinones, el germen de verdad es que la opinión contraria a la suya es inaceptable. Autoritarismo puro. La idea de fondo es que todo lo puedo poner en cuestión pero, los que no piensan como yo, no pueden poner en cuestión mi opinión. ¡Qué cómodo, qué fácil es vivir en el relativismo autoritario!

No es extraño que, tras este pensamiento, se produzca lo que está pasando. Que quienes piensan así reclamen la intervención de lo jueces para que castiguen a quienes nos oponemos al avance de los derechos de ciudadanía de un colectivo y, por tanto, estamos defendiendo una discriminación inaceptable. Todo el planteamiento es parte de la mentira inicial de considerar que las definiciones implican negación de derechos. Definir el matrimonio como "Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales" (DRAE) es, para Trinidad Jiménez, una discriminación inaceptable pero no deja de ser la realidad. Si es, como ella dice, una discriminación inaceptable, igualmente es una discriminación inaceptable la definición de sociedad anónima, la de padre, la de madre, la de hijo, la de abuela o la de primo. En el fondo subyace el autoritario deseo de imponer la realidad, de cambiar su naturaleza para inventar una estructura nueva de pensamiento en la que cualquier realidad estable sea sustituida por la definición mutante de nuevos conceptos: ya no hay matrimonio, ya no hay familia, ya no hay padre o madre o hijo o abuela sino que, como dice más adelante, todas las personas, sin exclusión, tienen derecho a escoger la forma que deseen para regular su vida en común. ¿Y pretende que esto no debe molestar a quienes piensan que el matrimonio es algo definido? ¿Pretende que cambiar las definiciones de nuestra vida en común debería darnos igual?

Evidentemente, si cada persona tiene derecho a escoger la forma que desee para regular la vida común, no hay obstáculo alguno para considerar como matrimonio legal la poligamia, la poliandria, el incesto, etc. Démonos cuenta, al menos, de que gracias a este PSOE estamos abriendo la puerta a la desaparición de la familia y del matrimonio y de que mantener lo contrario es un engaño. El PSOE actual no tardará en aceptar estos tipos de vida en común y en incluirlos en la definción de matrimonio, puesto que no hay nada que defina establemente el matrimonio y todo tipo de convivencia puede serlo.

Trinidad nos lo ha dicho claramente y a través de El País.

Sigue en El poder político no es Dios II

La Iglesia no es un poder político

Trinidad Jiménez

En estas últimas semanas hemos asistido a un intenso debate -e incluso a un enfrentamiento- entre los que son partidarios de regular el matrimonio entre personas del mismo sexo y aquellos que consideran que la institución del matrimonio no admite cambio alguno. En el ámbito político, las discusiones se han centrado, sobre todo, en la conveniencia de que la expresión "matrimonio" pueda albergar a una realidad diferente a la existente hasta el momento (unión entre hombre y mujer) y a la posibilidad de que estos nuevos matrimonios puedan adoptar hijos. Más allá del respeto a la posición de cada uno, lo cierto es que con los cambios que se han propuesto en el Código Civil estamos acabando con una discriminación inaceptable, como es la de negar a gays y lesbianas la posibilidad de disfrutar de un derecho de ciudadanía. Si realmente creemos que todos tenemos los mismos derechos, si defendemos una sociedad de iguales donde no exista discriminación alguna a la hora de disfrutar de derechos, tendremos que concluir que todas las personas, sin exclusión, tienen derecho a escoger la forma que deseen para regular su vida en común. Si todos somos iguales ante la ley, todos debemos tener la posibilidad de optar por una forma de convivencia que tiene consecuencias jurídicas, sociales y económicas, de ahí que no sea indiferente que se llame "matrimonio" o "unión". ¿Por qué, entonces, esa insistencia en querer "equiparar" a personas del mismo sexo para el disfrute de algunos derechos y negarles la posibilidad de contraer matrimonio? ¿Por qué una figura jurídica civil, como es el matrimonio, debe estar inspirada por la religión católica, sobre todo cuando ésta no reconoce como "válido ante Dios" el matrimonio civil? Quizás porque es la forma de negarse a aceptar una realidad que, en el fondo, no aceptan.

La posición de la Iglesia católica en torno a este asunto ha sido, no sólo de rechazo, sino abiertamente beligerante. De hecho, en las últimas semanas, la Conferencia Episcopal ha emitido un comunicado sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, llamando abiertamente a los legisladores y funcionarios católicos a rechazar y no cumplir la ley que permite el ejercicio de dicho derecho. En este sentido, habría que señalar que la Iglesia católica no puede comportarse hoy día (eso pertenece al pasado) como un poder político, sino como una instancia moral y, en tal condición, tiene que respetar la autonomía de las autoridades políticas democráticamente legitimadas para decidir las reglas que ordenan la convivencia de una sociedad. Nadie le niega a la Iglesia el derecho a defender sus valores y a criticar lo que considera contrario a su moral, pero sí habría que recordar que no puede pretender imponer sus valores, porque ni todos los ciudadanos son católicos ni todos los católicos coinciden con las posiciones de la jerarquía eclesiástica. Y es que el logro para una convivencia pacífica entre el Estado y la Iglesia católica, y entre el Estado y cualquier confesión, sólo puede sustentarse sobre el respeto mutuo y el reconocimiento por ambas partes de sus respectivos ámbitos de competencias.

Si respetamos este principio básico de no colisión entre la esfera civil y la religiosa, pocos dudarán de que la Iglesia católica debe dirigirse a sus fieles, mientras que el Gobierno tiene que gobernar para todos los ciudadanos. El ordenamiento jurídico de un Estado democrático -en el que coexisten diversas concepciones sobre lo que es moralmente aceptable y valioso- no puede reflejar e imponer coactivamente una de las éticas existentes, sino sólo aquellos valores y principios básicos aceptados por la mayoría de los ciudadanos. En la sociedad actual los códigos morales vigentes no sólo son plurales, sino, incluso, cambiantes, por lo que los gobernantes democráticos deberán estar muy atentos a dichos cambios y adaptar nuestras normas de convivencia para asegurar el bienestar a esa mayoría. Una de las formas de prestar atención a los cambios que se producen en las convicciones éticas de la sociedad es proponer a los ciudadanos, en los programas electorales, modificaciones en el ordenamiento jurídico que, de contar con el respaldo de la mayoría, se llevarían posteriormente a efecto. Conviene subrayar aquí que una regla fundamental de la ética política es cumplir con los compromisos electorales.

Por otro lado, es preciso tener en cuenta que los distintos grupos ideológicos y religiosos que concurren en la sociedad civil no son -desde el punto de vista de las ideas y valores que profesan- bloques monolíticos e inmutables. Existen dentro de ellos sectores conservadores e inmovilistas y sectores reformistas y dinámicos, sin que ninguno de los mismos (ni siquiera el sector oficial) pueda decir que representa el parecer de todos. Concretamente, en la Iglesia católica -que es una realidad mucho más amplia que la de su jerarquía- las posturas sobre problemas morales como los suscitados en torno a la guerra, la injusticia, el aborto, el sexo o la investigación científica, son muy variadas y están sometidas, dentro de ciertos límites, a los cambios que reclama la sociedad. Se incurre, por ello, en una simplificación susceptible de falsear la realidad cuando se dice que determinadas modificaciones legislativas ofenden a los católicos y, lo que es más grave, pretenden que éstos se enfrenten a las autoridades democráticas que deciden dichos cambios.

La reforma que en el Código Civil se hace sobre el matrimonio -que supone una indiscutible innovación en materia de derechos civiles- podrá ser rechazada por los católicos que legítimamente opten por la conservación del orden establecido, pero con el límite que impone el deber de cumplimiento de lo que disponga el Gobierno y el Parlamento en el ejercicio de las atribuciones que les asigna la Constitución. Exigir, por ello, que se regule la objeción de conciencia para dejar en manos de algunos ciudadanos y autoridades el cumplimiento de una ley iría directamente en contra de la Constitución. El artículo 9º.1 de la Constitución recoge el principio de sujeción de los ciudadanos y los poderes públicos al ordenamiento jurídico. Se trata de un principio constitucional sobre el que no se puede establecer una excepción por ley ordinaria.

En todo caso, exigir que se legalice la objeción de conciencia para que determinados funcionarios públicos decidan sobre el cumplimiento de la función que les asigna una ley es una actitud difícilmente justificable en nombre de la conciencia. No sólo porque estamos hablando de una ley que no tiene un sentido restrictivo y, muy al contrario, amplía el ejercicio de un derecho que a nadie perjudica y a muchos puede beneficiar, sino porque la conciencia de un funcionario público debe estar informada por los valores de la sociedad democrática. A todo ello cabría añadir que, en el supuesto de la ley que autoriza el matrimonio entre personas del mismo sexo -y aún admitiendo que la misma se encuentra en contradicción con los valores que propugna la religión católica-, hemos de recordar que no todos estos valores están incorporados al ordenamiento constitucional. Si consideramos que la Constitución española afirma expresamente en su artículo 16.3 que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", llegaremos a la conclusión de que la objeción de conciencia al cumplimiento de la citada ley no queda amparada por el derecho a la libertad religiosa.

Cuando la jerarquía católica invoca determinados periodos históricos para justificar la resistencia al cumplimiento de la ley por considerarla "injusta", no sólo está desconociendo los distintos momentos en que ha tenido lugar (en el caso actual, su plena legitimidad democrática), sino que para que una ley pueda ser considerada, hipotéticamente, injusta tendría que lesionar o limitar derechos individuales. Y no es el caso que nos ocupa. Los derechos son siempre individuales y no puede haber apropiación de ellos de ningún grupo social, mayoritario o minoritario, sino garantías por parte de los poderes públicos para el pleno ejercicio de los mismos.

Comentarios (24)

Muy bien fiskeado, Montse. Siguiendo la línea trinitaria, se pone en cuestión no solo la familia, sino también el propio significado de todas las palabras del diccionario, que dejan de ser herramientas de entendimiento para ser instrumentos autoritarios invocados por el Poder contra el ciudadano. Si aceptamos el trastrueque, "discriminación" no significa lo que quiere Trinidad, sino otra cosa que cualquier otro puede definir a su conveniencia.

seneca:

Excelente artículo, permíteme felicitarte.

bosco:

A veces me da la sensación de que estamos enfocando mal este asunto.

Cuando el oponente expone una idea equivocada pero inteligente e inteligible, conviene responder con argumentos, datos, cifras.

Pero cuando se trata de absurdos patentes, ¿no estamos dignificando su postura? Si alguien defiende que una mesa es una silla, ¿se le debe contraargumentar, o es mejor reírse?

De tanto hablar, se nos está colando la idea como normal, que es exactamente lo que quieren.

En primer lugar, me pregunto qué significa exactamente eso de "fiskear". ¿Alguien me puede resolver la duda?
En segundo lugar: ¿Me podéis decir de una vez qué tienen algunos en contra de las bodas de los homosexuales?
Yo no soy homosexual, pero si los que lo son se quieren casar entre ellos: ¿Qué problema hay?
En mi opinión la libertad debe primar sobre la religión y cualquier otra invención humana.
Si quieren considerar matrimonio el incesto y la poligamia, me parece bien; ¿pero QUÉ MALDITO PROBLEMA HAY? Es decir, quien no quiera, que no lo haga. ¿Quién dice que la familia tenga que perdurar por siempre? No creo que la situación se generalicen y se destruyan las familias, pero de todos modos: ¿Por qué no puedo elegir destruirla si prefiero una conducta sexual alternativa que soy libre de elegir?
Para los que no lo recuerden, vivimos en un estado ACONFESIONAL y LAICO, y el objetar conciencia en casos como este podría generalizarse y acabar siendo objetores de conciencia porque nuestra religión nos impide hacer la declaración de la renta.

Fisking: tienes la definición y un ejemplo en http://www.hispalibertas.com/comments.php?id=1902_0_1_0_C

Bodas de homosexuales: yo no tengo nada en contra, siempre que se llamen bodas de homosexuales u otra cosa, pero no matrimonio.

La libertad también es una invención humana, de modo que...

No me parece bien considerar matrimonio el incesto y la poligamia, que por eso se llaman incesto y poligamia y no matrimonio. El incesto es no salutífero, y la poligamia es vejatoria para la mujer (asi como la poliandria lo es para el hombre).

Nadie dice que la familia tenga que durar para siempre; pero si has llegado a plantearte eso es porque siempre ha existido la familia, que es la única conducta sexual conocida que garantiza la continuidad de la especie. Si esta, la especie, también te parece que no tiene por qué continuar (quizá hayan modos de vida alternativos, no sé), es más rápido tirarse del quinto piso que inventar conductas sexuales alternativas.

El estado no es aconfesional y laico. Es aconfesional, con atención preferente hacia la Iglesia Católica (art. 16 de la Const.)

TopeKie:

"Parte de que la definición de matrimonio es absolutamente relativa (conveniencia de que la expresión "matrimonio" pueda albergar a una realidad diferente a la existente hasta el momento) para, acto seguido, afirmar que ella nos va a decir la verdad"

Y es cierto. La definición de matrimonio es relativa, ya que, al margen de los significados cambiantes que la palabra ha tenido a lo largo de la historia (antes incluso de que la Iglesia se apropiase de ella) y según el contexto cultural en el que se desenvolvía, actualmente existen dos definiciones de la misma:

a) La legal, según se define en el Código Civil
Matrimonio = "Unión entre un hombre y una mujer"
La cual se cambia a:
Matrimonio = "Unión entre dos personas"
simplemente modificando el texto corespondiente del código, lo que es tarea del legislador, esto es, del Gobierno.

b) La académica, según el DRAE
Matrimonio = "Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales"

¿Es el DRAE un dictador semántico monolítico e inamovible? En absoluto. Los académicos vigilan el uso de la Lengua y plasman en el diccionario el uso que los hispanoparlantes hacemos de la misma por lo que, de generalizarse el uso de la expresión "matrimonio" para designar la unión entre dos personas independientemente de su sexo, el DRAE se hará eco de la misma en su próxima edición.

Y creo que llamar a la desobediencia civil, cuando resulta que, por mayoría, se ha aprobado una ley que no nos gusta es, además de antidemocrático, una irresponsabilidad. En cualquier caso, no se le puede llamar "debate" y si "enfrentamiento"

Mikel:

Soy HOMOSEXUAL, y no digo gay porque no me gusta, me suena a invento americano. Y NO ENTIENDO ESTA POLÉMICA. ¿Para qué coño quiero yo poder casarme? Precisamente mi pareja y yo hemos escogido una forma de vivir nuestra relación diferente a la tradicional, y por ser diferente a lo tradicional no tenemos el más mínimo interés en bodorrios ni estupideces. Toda la gente que conozco y que es como yo, no quiere casarse, aunque la mayoría vea con buenos ojos las bodas entre homosexuales. A mi me da exactamente igual, porque, aunque no estemos casados (sí estamos inscritos en el Registro de Parejas de Hecho) tengo reconocidos mis derechos a heredar y a recibir pensiones si fuese el caso. Una vez que mi situación legal me da los mismos derechos que al resto ¿para qué casarse?
Otro tema importante es la adopción. Aquí ya tengo mis dudas porque puede que esos niños estén mejor con dos padres o dos madres que sin ninguno, pero hay que pensar que la adopción no es derecho de los padres, es de los niños y habría que ir con mucha cautela con este tema. De todas formas, si yo quisiera tener hijos me habría juntado con una mujer y no con otro hombre, tampoco entiendo muy bien el interés en adoptar, más bien me parece interés por llevar la contraria a la corriente.
Otra cosa que no me entra en la mollera es esa obsesión con lo que dice el Papa, y si el Papa es más progresista o más conservador. Para empezar, como se dice vulgarmente, el Papa puede decir misa (nunca mejor dicho). ¿Es que algún homosexual que ejerza como tal va a dejar de hacerlo porque lo diga él, o algún no-católico va a dejar de usar preservativos porque lo digan los católicos? A mi me da igual, lo mismo que me da igual quien sea el patriarca de Constantinopla o el Dalay Lama (o como se escriba). Es absurdo ese interés por pretender que el Papa propugne una doctrina no-católica o que admita lo que va en contra de sus principios. Es de estúpidos pensar que, sea quien sea el Papa, va a bendecir las uniones entre homosexuales, el divorcio (no confundir con la nulidad que es el reconocimiento oficial de que nunca ha existido el matrimonio), el aborto o la eutanasia, porque todo eso va en contra de esencia misma de la doctrina católica, o al menos eso es lo que me enseñaron a mí que he tenido una educación dentro del catolicismo, ya ves tú, luego dicen que el estudiar religión te coacciona a no se qué, pues yo soy así y aprobaba religión, y hasta me enteraba de lo que me contaban, hoy en día pienso que por ello tengo un poco más de cultura.
Por otra parte, tampoco acabo de entender el llamarle matrimonio a esto, por mucho que le llamemos leopardo al gato, seguirá maullando y cazando ratones en vez de gacelas; por mucho que llamemos plaza de toros a un polideportivo, seguirá sin tener toriles ni burladeros. ¿Qué tal “homounión” o algo similar? Y otra bobada es llamarle progenitores a los padres de un niño cuando son del mismo sexo, precisamente progenitor es el que aporta los genes, menuda tontería, sería más sencillo hablar de tutores y así metemos en el lote a todos los niños con o sin padres de ningún tipo.
También he oído relacionar todo esto con el Día de Orgullo Gay, repito que lo de gay no me gusta, y como he leído hace poco en algún glob “a mi un montón de locas subidas en carrozas no me representa”. Presumir y hacer alardes de la homosexualidad de uno es tanta imbecilidad como presumir de macho ibérico. No tenemos por qué ocultarnos, eso por supuesto, pero tampoco tenemos que ir gritándolo.
Tengo muchos amigos homosexuales y heteros y lo único que busco en los que no son como yo es lo mismo que yo les doy: RESPETO, y no pretendo que seamos “iguales” porque es evidente que somos diferentes. Yo respeto a los que quieren manifestarse en defensa de lo que ellos consideran familia, respeto a los que desfilan el Día del Orgullo Gay, aunque no me sienta identificado, respeto a los que salen en procesión con imágenes de santos, respeto a los que se manifiestan en contra de las guerras (pero de todas, no de una sola), respeto a los que se manifiestan por cualquier otra cosa siempre que lo hagan DE MANERA CIVILIZADA. Y el día 18 de junio, el la manifestación que se prepara, espero que NINGUNO de los que, como yo, tiene otro concepto de la familia, PROVOQUEN ACTOS VIOLENTOS NI INSULTEN A NADIE, porque ¡¡¡ESO DARÍA LA RAZÓN A LOS QUE NO NOS CONSIDERAN PERSONAS DIGNAS DE RESPETO!!!
Saludos a todos.

Antonio:

A TopeKie: efectivamente el DRAE no es "un dictador semántico monolítico e inamovible", pero si lo consultas y miras el significado de la palabra "etimología" quizá se te encienda una lucecita y comprendas el sentido que tiene respetar el significado de las palabras, o e que, ya puestos, ¿también vamos a cambiar el significado de la palabra etimología?. Para ahorrarte trabajo te digo yo la definición de etimología según el DRAE: Origen de las palabras, RAZÓN de su existencia, DE SU SIGNIFICACIÓN y de su forma.
Aunque para que se enciendan lucecitas hay que tenerlas, ¿tú las tienes?

Andres Peral:

Montse, cojonudo tu artículo, de los mejores que he leído en los últimos tiempos en cualquier parte. Lástima que no se publique en la prensa, con el mismo alcance mediático que lo que ha parido la tal Trinidad.

Y el comentario de Mikel me ha parecido muy interesante. Por lo sensato, y por ajustarse bastante a lo que yo entiendo debe ser el respeto.

Gracias, Andrés :o)

felipón:

Me ha encantado el comentario de Mikel. Soy católico y papista, y sin embargo estoy de acuerdo con todo lo que dice.
Entiendo eso de dignificar argumentos absurdos por comentarlos, pero si la majadería de Trini ha provocado tan buen comentario de Montse, a nadie le amarga un dulce. Y de vez en cuando, comentarios así llegan a algún sectario y le hacen click en la cabeza y empiezan a usarla.

Anomia:

Ni siquiera me he leído todo el post, es tan largo. Pero no sé la razón por la que dicen que el matrimonio es una figura jurídica civil. Si estamos hablando del matrimonio que dice la Constitución, éste es monógamo.

No puede enlazar causalmente la monogamia con el monoteísmo, pero aunque así sea ¿Qué razones, como antecedentes culturales, guiaron al legislador para redactar en nuestra Constitución lo relativo al matrimonio? Desde luego, la monogamia sí, entonces, ¿por qué no el monoteísmo?

De modo que de civil lo que quiera, el colmo sería que dijera que fuera militar, por eso del franquismo. Pero, antes que nada cultural y monoteísta.

Por otra parte, no entiendo por qué un debate en torno sólo al matrimonio de dos y no de tres o 24. ¿Es que tienen más derecho Gay&Lesbos que 20 mujeres y un hombre o 20 hombres y una mujer y sus combinaciones? Chiquita orgía, señorías. Con todo esto que se quite de delante la porno.

Anomia:

Secretaria, pero no tiene weblog como usted. Por cierto, si tuviera weblog ¿Cómo sería eso de los comments? Por eso tengo un weblog que no comments ni Dios, por si las moscas. Pero tengo otros, donde sí pero no hay commentaristas.

Si yo fuera Secretaria de Bla, Bla y Blas abriría un weblog. Otro gallo me cantaría.

Gracias por permitirme borronear en su weblog y no recibir broncas por e-mail.

Derem:

Permítame un comentario a ver si usted puede ayudarme a aclarar las dudas que tengo.

El problema del matrimonio homosexual se relaciona con lo siguiente: la Iglesia considera la homosexualidad una inmoralidad. Los homosexuales son pecadores como cualquiera que incumpla los mandamientos. Como pecadores hay que acogerlos y ayudarlos para que no recaigan, pero no promocionar su pecado.

La sociedad en su conjunto no considera la homosexualidad un delito pues no está penado legalmente.

Hay un evidente conflicto de valores.

¿Debe la Iglesia intentar imponer sus valores al conjunto de la sociedad y hacer de sus valores ley aunque sea a través del voto de sus fieles? ¿Qué diríamos si aparece un grupo fuerte en nuestra sociedad que considera que debe llevarse al extremo la igualdad de hombres y mujeres, con lo que proponen ilegalizar cualquier organización donde esto no suceda? ¿Votamos? ¿Y si ganan?

¿Debe la Iglesia defender una sociedad con un mínimo común de valores, en la que entremos todos, creyentes y no creyentes, y en la que pueda ejercer su magisterio en libertad? Si esta fuera la respuesta entiendo que debería decir que el matrimonio civil no es asunto suyo y que los creyentes no pueden acogerse al matrimonio homosexual porque la homosexualidad es, para la Iglesia, mala.

¿Existe ese mínimo común de valores? ¿Son los propios de las sociedades democráticas? ¿Son los Derechos Humanos?

Mal fundamentado. Lo que está en discusión es: ¿qué es el matrimonio?

Centrar el tema en una cuestión religiosa es faltar a la verdad. En Francia hay muchos socialistas, entre ellos Jospin, que no quieren legalizar el matrimonio homosexual y Jospin no es cristiano.

Ni el judaismo, ni las confesiones protestantes presentes en España quieren que se apruebe el matrimonio homosexual. En los EEUU ha habido 13 Estados que han hecho referendum sobre el tema y ha ganado el no al matrimonio homosexual. El matrimonio homosexual es una rareza, no existe en países budistas, ni musulmanes ni sintoistas. Esto lo he explicado repetidamente y de forma extensa en el blog. De modo que, por favor, léanse lo escrito antes de preguntar.

Derem:

Ante todo, gracias por contestarme.

Intentaré explicarme un poco mejor.

Me temo que el hecho de haberle dado muchas vueltas al asunto provocó que, en el afán de síntesis, argumentase tal vez de forma confusa y saltándome pasos intermedios. Tiene usted razón cuando dice que reducirlo a una cuestión religiosa es faltar a la verdad. No obstante, sí es cierto que la mayoría de la oposición a este asunto proviene de ahí.

Volvamos a la definición. ¿Qué es el matrimonio? A mi entender, en la actualidad, es un contrato entre personas libres, sancionado por el estado, y cuyo fin es facilitar legalmente la convivencia y la crianza. Diciéndolo de otro modo, la forma que tiene el estado de proteger a la familia o la sociedad de reconocerla. Si aceptamos esta definición, es evidente, debería legalizarse el matrimonio homosexual, la poliginia, la poliandría, y cualquier otra mezcla siempre y cuando fuese entre individuos libres. Pero, por otra parte, no se impediría el matrimonio clásico entre un hombre y una mujer. De hecho, con total seguridad seguiría siendo el mayoritario.

Vayamos a los argumentos que usted da para rechazar el matrimonio homosexual.

Primero, que algo sea raro no es un motivo para excluirlo. Todo empieza, de forma minoritaria, en algún momento. La esclavitud comenzó a abolirse en alguna fecha determinada. El voto femenino comenzó a aprobarse en algún instante dado. En ambos casos fue una cuestión de derechos: la igualdad ante la ley. Si las personas somos iguales, nadie puede ser legalmente dueño de otro. Si los hombre y mujeres somos legalmente iguales, ambos tenemos el mismo derecho al voto. Si una mujer heterosexual puede casarse ante la ley con quien ama, un hombre, ¿por qué una lesbiana no podría casarse con otra mujer?

El matrimonio en la cultura occidental ha cambiado. Comenzó, incluso antes de nuestra propia cultura, como una alianza entre familias para la protección del patrimonio. Era en la práctica, casi una venta de mujeres –acuérdese de las arras-. Durante mucho tiempo, la mujer legalmente estaba subordinada al marido, y hasta hace relativamente pocos años ni siquiera podría abrir una cuenta bancaria sin su permiso. Hasta hace todavía menos tiempo, el divorcio no existía. Incluso en la Europa Medieval, si creemos lo que afirma Boswell, hubo matrimonios homosexuales refrendados por la propia Iglesia, las llamadas “bodas de semejanza”. Repito, el matrimonio ha cambiado. Si se mantiene la esencia –véase mi definición anterior- ¿por qué no puede volver a retocarse?, al fin y al cabo, las leyes deben reflejar las realidades sociales para reconocerlas o condenarlas y, que yo sepa, la homosexualidad no es delito.
Por otro lado, crear una figura jurídicamente nueva en su denominación, pero con los mismos derechos y deberes, aunque para algunos fuese una solución ¿no sería algo hipócrita?

Por último, si es un reconocimiento a la familia, en las culturas humanas hay y hubo muy diversos tipos de familias. Familias monógamas, poligínicas, poliándricas, familias matriarcales en las que el padre es un mero semental y ni aparece, familias en las que la figura del padre la ejecuta el hermano de la madre, etc. Leyendo cualquier libro de etnografía se ve la inmensa variedad de las familias humanas. Ya sé que en el Occidente nuestro son raras, pero, si no son condenables ¿por qué no permitirles una existencia legal?

Al final, entiendo yo, es un problema de derechos. O somos iguales ante la ley, o no lo somos, y, como usted dice, eso no se puede votar. Por eso me preocupa sinceramente la postura de la Iglesia. No la entiendo. No es el tema serio del aborto, más bien me parece la misma lucha sin sentido que tuvo contra el divorcio. Pensemos que si estas cosas se votan, imaginando un futurible ridículo, mañana podríamos votar la ilegalidad de todas las organizaciones donde no se lleve al extremo la igualdad ante la ley, y se podría perseguir de nuevo a la Iglesia a no ser que ordene sacerdotisas.

Volviendo a la pregunta de mi primer post. ¿No debería la Iglesia defender una sociedad con un mínimo común de valores -muchos de origen cristiano- en la que entremos todos, creyentes y no creyentes, y en la que pueda ejercer su magisterio en libertad? Creo que si esta fuera la respuesta, debería limitarse a decir que el matrimonio civil no es asunto suyo y que los creyentes no pueden acogerse al matrimonio homosexual porque la homosexualidad es, para la Iglesia, mala.

¿Existe ese mínimo común de valores indiscutilbles, no-votables? ¿Son los propios de las sociedades democráticas? ¿Son los Derechos Humanos? No lo sé.

Paco:

No te preocupes por si el poder político es o no es de Dios, ya te lo dirá Él mismo cuando estés ante su tribunal de justicia del cual tus fiscales serán tus obras malas y tus abogados las buenas.

Anomia:

¿Existe ese mínimo común de valores indiscutilbles, no-votables? ¿Son los propios de las sociedades democráticas? ¿Son los Derechos Humanos? No lo sé.

Yo creo que sí existe. Pero, para que emerjan en la consciencia pública o universal y, eventualmente sean proyectados en los códigos jurídicos, es necesario alcanzar antes el estado de Encuentro de las Culturas -como alternativa al Choque de las Civilizaciones- (Post explicativo de esto, si se me permite: http://cgtsurgc.blogspot.com/2005/05/encuentro-de-las-culturas-vs-choque-de.html

Anomia:

Por último, si es un reconocimiento a la familia, en las culturas humanas hay y hubo muy diversos tipos de familias. Familias monógamas, ... son raras, pero, si no son condenables ¿por qué no permitirles una existencia legal?

El concepto de familia incluye el concepto de matrimonio pero éste no determina a aquel. Existen familias sin existencia de matrimonios en ellas. Una mujer con un hijo, sin haber existido matrimonio ni pareja de hecho, es una familia legalmente reconocida a la hora de declarar a Hacienda. Al menos en el caso de mi compañera de trabajo esto es así y tiene reducciones por ello. Lo que no estoy dispuesto a pagar, vía reducciones en el IRPF u otra, es a dos, tres o n homosexuales o lesbianas que no pueden, por limitaciones genéticas no accidentales, aportar nada a la conservación de la especie.

Si tengo una pajarera no resulta natural ni lógico que mantenga a dos pájaros naturalmente incapaces de aumentar mi pajarera e impedir que se extinga la variedad genética de mi población de pajaritos. Les doy alpiste, agua y todos los cuidados necesarios a su dignidad de pájaros, pero no los voy a aparear contranatura. Este modelo no es exactamente comparable a la homosexualidad, pero es el argummento de peso que ha utilizdo la especie humana desde que los seres humanos dejaron de comportarse como monos al utilizar el salto cualitativo de su inteligencia para implementar su entorno con las "responsabilidades" biológica y social.

Se están proponiendo cosas contranatura. También es contranatural que a los pobres que genera el sistema los mantenga Cáritas y otras organizaciones religiosas, por vocación, que es un bien muy escaso, y no los afiliados al PSOE, a IR de Cataluña, Batasuna y demás hiperdemócratas y socioslistos mientras seamos otros quienes paguemos.

Nótese que no empleo el argumento religioso. Hablo desde posiciones compatibles tanto con la población de ateos como con la de religiosos, aunque no necesariamente con las posiciones de creyentes cientificistas, es decir, por ejemplo, marxistasleninistas y anarquistas fundamentalistas.

diógenes:

Un diccionario no es dogma.Es mutante,creíble o aceptable según las circuntancias.Porque ahora está bien dicho que una cosa está guay (de la voz natural de lamentarse).O se aceptan términos como speech,spray,sprint,stand,stock,striptease,pero no stop ni estop (RAE).
Archipiélago es "el mar principal".Para los griegos era el mar Egeo,donde había muchas islas.Ahora archipiélago es un conjunto de islas.
Matrimonio es "unión" de hombre y mujer./Plato de arroz blanco con habichuelas/Sacramento que une a hombre y mujer perpetuamente.Lo hay que es "rato" (no dice nada de los Rato)."Rato y no consumado".
Si ahora hablamos de "matrimonio" refiriéndonos a unión de dos personas,sin determinar su sexo,añadimos un concepto nuevo al tradicional.

Derem:

Hombre, Anomia, yo lo que dije es que el matrimonio es la forma que tiene el estado de proteger a la familia o la forma que tiene la sociedad de reconocerla, y ya sé que existen diversas formas de protección o reconocimiento, desde la boda formal con lo que conlleva, a simples descuentos en el IRPF.

Es precisamente el hecho de que existen familias que legalmente no se pueden reconocer como matrimonio lo que se critica. Claro que estoy dando por supuesto que se acepta como buena mi definición de matrimonio del post anterior, ya que creo que es la que social y legalmente mejor nos puede acoger a todos los ciudadanos en una sociedad democrática.

Evidentemente, no comparto tu rechazo por ser conductas contranatura. En muchas culturas humanas existen familias no monógamas hombre-mujer, algunas reconocidas social y legalmente, y otras no, y ni esas culturas ni la especie ha desaparecido. Y en cuanto a los bichos otro tanto de lo mismo; se han documentado casos de homosexualidad en diversas especies animales que siguen vivas y coleando.

Y si hablas de pagar, precisamente los homosexuales, por ser obligatoriamente solteros, suelen pagar en su conjunto más a Hacienda que el resto. Varios de ellos, con tu argumento, seguramente, estarán pagando el descuento en el IRPF que tengo por mi hija.

En cualquier caso, no es una cuestión de pagar o cobrar. Es una cuestión de derechos. O somos iguales ante la ley o no lo somos. ¿Tenemos ese valor en común?

Anomia:

"... el matrimonio es la forma que tiene el Estado de proteger a la familia o la forma que tiene la sociedad de reconocerla, ..."

El Matrimonio no es un escudo, no es una forma de protección. El matrimonio, por otra parte, tampoco es la garantía de la estabilidad y desarrollo de la familia. El Estado no usa el Matrimonio ni lo recogió en la Constitución para proteger a la familia. El Estado lo recogió en la Constitución como recogió la palabra río o mar, sólo porque es una realidad, no tenía opción.

"... existen familias que legalmente no se pueden reconocer como matrimonio lo que se critica ..."

La familia no se reconococe como matrimonio, en ningún caso, sino a la inversa, es decir, el matrimonio es reconocido como familia en su "forma completa más simple posible". Lo dicho, familia es un concepto, una realidad que contiene a otra realidad cuyo concepto es matrimonio, pero que no determina su existencia, es decir, no toda familia contiene matrimonio, aunque todo matrimonio sí contiene familia. Más, matrimonio es un concepto incluído en el de familia, pues desde el momomento en que legalmente "un" matrimonio queda constituído comienza legalmente a existir "una" forma de familia, pero no "la Familia" -"una" tal y cual no es lo mismo que "la" tal y cual-

La especie no desaparece porque existen especímenes que se comportan con coherencia con su naturaleza sexual y están abiertos a la procreación, es decir, no se comportan "contranatura", en el sentido estricto "darwinista" al margen de la acepción moral que se le dé a este término. Sodoma y Gomorra se dice que desapareció porque le cayó encima fuego del cielo. Eso no está demostrado. Pero sí pudo "extingirse" como sociedad natural al desviar su comportamiento global de las pautas de conservación de la especie. El éxodo de Lot es simbólico, quiere decir que llegó un momento en que quienes no se comportaban de acuerdo al patrón "progresista" de Sodoma y Gomorra no tenían posibilidad en esa sociedad. La población capaz de procrear y conservar la economía social de aquella sociedad tuvieron que emigrar y, progresivamente, Sodoma y Gomorra desapareció del mapa, "como si cayera fuego del cielo", porque no la destruyó ninguna guerra ni ninguna epidemia, que eran las formas naturales de extinción de un pueblo en aquella época. No es la primera vez que ocurre, en Sudaméricana existen monumentos grandiosos sin resto alguno relevante que explique la deshabitación de esos territorios, ni siquiera se puede hablar de una epidemia devastadora, porque no hay restos de muertos: Fue una emigración, un éxodo. No merece la pena discutir sobre una premisa bien establecida científicamente desde Darwin y que resiste cualquier refutación.

Pagar pagamos todos, pero eso no da derecho a recompensa por algo que no damos, es decir, los solteros per secula seculorum, si no procreamos no tenemos derecho a descuentos por hijos. Es una verdad de cajón. ¿Por qué motivo nos va a recompensar la sociedad? ¿Por el simple hecho de rubricar una unión sentimental o mercantil? Es ridículo.

El derecho nace del cumplimiento de deberes. Nacemos con deberes y, en la medida en que cumplimos con esos deberes, adquirimos en efectivo los derechos correspondientes y no a la inversa. El Derecho -esperanza social- es un fin no un principio, el Deber -determinado por las leyes sociales- no es un fin es un principio, por eso podemos recriminar a Zapatero que el cumplimiento de sus directrices no nos conduce a una sociedad más libre, así que podemos decirle que se vaya a cojer marisco a Pontevedra en las próximas elecciones.

El ser humano, desde el momento de su concepción, tiene el deber de nacer. Por eso tenemos el deber de ayudarle a ello, a nacer vivo. Y, como nace con el deber de vivir, tiene el derecho a que se le respete su vida. Igual hay que decir del derecho a la libertad, en tanto que tenemos el deber de abandonar la esclavitud, de iniciar el éxodo hacia una sociedad libre que algunos, desesperados, dicen que es una Utopía y no merece la pena sino para hacer demagogia política, como hace hoy la clase política al seguir la solución Giscard-Hollande-Juncker (Enlace: http://cgtsurgc.blogspot.com/2005/05/la-sociedad-civil-francesa-muestra-la.html ), para eludir la emergencia de la Otra Europa Posible mediante Otra Constitución Posible que nos permita llegar a Otra Democracia Posible.

Me gustaría cerrar este tema. Lo he dicho en otro post: El debate debería ser si legalizar o no cualquier tipo de unión de hecho no sólo la monogámica. Las uniones homosexuales no me interesan, son estériles y, para ser un grupo estéril, es preferible seguir en la soltería, aunque no tengamos descuentos en el IRPF. Gracias.

Clandestino:

Gracias Montse. Gracias por estar ahí y acercarme a esos recónditos rincones llenos de gratas e interesantes prebendas a las que mis carencias, me impide su acceso, uso y disfrute.

Aunque me identifico más con la política social democrática y civilizada(que no la del PSOE) que con la del capitalismo puro y duro, también me declaro ciudadano independiente; y hace algún tiempo que sospecho de la falta de transparencia y calidad democrática en el discurso del PSOE en general y de Trinidad Jiménez en particular. Pero hasta que he leido tus aclaraciones y reflexiones, ignoraba hasta donde se puede mentir bonito con formato de verdad argumentada. Has escudriñado y desmontado todas sus patrañas y desprecio prepotente por los derechos y sentimientos de unos ciudadanos para, con una obsesión, innecesaria, tozuda, e inexplicable, regalárselos a otros.

Te felicito y me hago lector de tu bitácora.

Besitos

Derem:

Si Anomia es tan amable, prefiero proseguir con la discusión: puro placer intelectual y la necesidad de aclarar las propias ideas y, todo sea dicho, desherrumbrarme.

Ante todo, que estoy de acuerdo en que el debate debería ser, entre otras cosas, si legalizar cualquier tipo de unión de hecho. Y en este punto estoy a favor de reconocer como matrimonio cualquier contrato de convivencia y crianza entre personas libres, sean estos un hombre y una mujer, una mujer y tres hombres, tres mujeres o cualesquier otras posibilidades que entren en la definición. Y creo, además, que si el estado puede reconocer como matrimonio la unión de un hombre y una mujer estériles, no veo problema en reconocer también la unión de, por ejemplo, dos hombres.

Respecto a si el matrimonio protege o no a la familia, creo que se equivoca. Es evidente que no es garantía de nada, pero sí es cierto que la legislación favorece las parejas “matrimoniadas” sobre las “arrimadas”. Que la constitución actual se encontrase la institución ya hecha no es óbice para que su sentido –reconocimiento, protección- sea este.

Dice usted, por otra parte, que “(la) familia es un concepto, una realidad que contiene a otra realidad cuyo concepto es matrimonio, pero que no determina su existencia, es decir, no toda familia contiene matrimonio, aunque todo matrimonio sí contiene familia”. Es decir, una familia no determina la existencia de un matrimonio, pero un matrimonio implica una familia detrás. Es verdad según la legislación vigente, y es precisamente esto lo que se critica: no toda familia puede acabar en matrimonio porque legalmente no se le permite.

Ahora bien, la discusión es esta ¿debemos dar la posibilidad a todas las familias que se concreten legalmente en un matrimonio? Si hay libertad entre las partes, entiendo que sí.

Sobre el argumento de la “contranaturalidad” confieso que no le entiendo. En su post del 30 de mayo del 2005, 12:35 AM, parecía que argumentaba defendiendo que las uniones homosexuales son uniones contra natura, por lo que no se las podía reconocer legalmente. En el del 30 de mayo del 2005, 03:26 PM, lo hace de una forma para mi confusa y que no sé si confirma o desmiente mi interpretación de su información anterior, por lo que le ruego que me lo aclare. No entiendo, por ejemplo, qué tiene que ver la desaparición de las culturas antiguas con el tema concreto del reconocimiento legal de estas otras uniones. Si el argumento es que éstas afectan a la pervivencia como sociedad, le puedo tranquilizar indicándoles que los homosexuales no superan el 10% de la población, por lo que veo difícil que afecten seriamente a los mecanismos de reproducción vistos a nivel del conjunto de la sociedad. En todo caso, repito, me gustaría que aclarase un poco más sus argumentos en este punto.

Respecto al “pago” que pueda realizar la sociedad a los matrimonios, este pago, actualmente, es en parte indiferente al hecho de tener o no tener hijos. La figura del matrimonio da ventajas legales y fiscales que las uniones de hecho no tienen. El tener hijos, además, reporta otros beneficios. Se puede pensar, desde una ideología u otra, que tiene algún sentido o no, puede gustar o no, pero actualmente es una realidad. Y los solteros homosexuales, por el hecho de serlo, están “discriminados” al no poder acceder a estas ventajas. Con esto quiero decir que todos pagamos, unos y otros y, según las circunstancias, unos más que otros. Pero esas circunstancias pueden cambiarse –puedo decidir tener un hijo, abrir una cuenta vivienda, enriquecerme o empobrecerme, casarme- pero, si pagas por algo que no puedes evitar como la inclinación sexual, legalmente estás discriminado.

Por último, las uniones homosexuales no tienen por que ser estériles. Puedo imaginar el caso de una pareja de lesbianas que han tenido un hijo por inseminación artificial, puedo imaginar dos hombres que viven juntos y aportan los hijos de sus matrimonios heterosexuales anteriores, puedo imaginar una pareja gay uno de cuyos componentes tiene un hijo adoptado como padre soltero. En cualquiera de estas situaciones los hijos se criarán en la práctica por ambos padres, pero no podrán disfrutar de todos los beneficios legales del matrimonio. Y me parece injusto.

Se debe legislar para que, si es posible, todos nos beneficiemos, no sólo las mayorías. Creo que, en el caso que nos ocupa, la ampliación del concepto legal de matrimonio evitaría desigualdades legales sin afectar al resto de la gente.

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